Autora



En un principio yo quería hacer cine pero a los 13 años no preguntas nada. Antes y después sí, pero los 13 te incomunican. Yo no sabía que el cine se estudiaba; me parecía un fenómeno místico la existencia de cada película. No llegaba a concebir siquiera a la película como la sumatoría de procesos y talentos que resultaba en un objeto material como es la cinta. No podía verlo así. Para mí, el cine y la música siempre fueron la divinidad. Para entonces, yo era una alumna ejemplar y me preocupaba cómo iba a continuar siéndolo; cómo iba a obtener el aprecio que en consecuencia obtienen los 20-20, cuando acabara mis estudios y no supiera cómo parir una película. 

Mi mamá me salvó cuando me regaló Noticia de un secuestro, de Gabriel García Márquez. Yo tendría 16 años. Lo leí y, cuando lo terminé, dije que sería periodista. Me pareció un oficio altruista y sobretodo, una carrera. Además, me interesó que probablemente me enseñaría a escribir, algo que interesó desde siempre. Yo quería escribir historias porque quería hacer películas.

Mis intentos literarios comenzaron a los 12 años, cuando escribía mini cuentos con la ambición breve de verlos publicados en la sección Lentejas, Pan y Atún, del semanario Urbe. Nunca envié nada pero, con muy poca educación musical para escribir canciones, terminé escribiendo lo que pensé que eran poemas y los publiqué en Predicado.com. En esta comunidad, lectores y escritores influenciaron definitivamente mi gusto y criterio para escribir y seleccionar mis lecturas. Me relacioné con gente adulta y extranjera que leían y criticaban mis escritos. Tenía un amigo mexicano de 57 años, un pack de todo lo anterior. Durante los 3 años que duré participando en Predicado, por recomendación de la comunidad - y también porque en el liceo nadie hace nada, aunque crea que sí- leí varios libros, miré muchas películas y tuve demasiados discos. Lo terrible es mi mala memoria. Aún así recuerdo cuáles viven conmigo. Mi mamá estudió Literatura y tengo una cantidad de libros apreciable. No se engañen: ignoro la calidad o importancia de la mayor parte de mi biblioteca. Solo por accidente, caí en la poesía venezolana y descubrí que mi mamá tiene tesoros de su época de estudiante, primeras ediciones de poetas casi desconocidos que me marcaron definitivamente. También, leí mucho a Cortázar, demasiado. Leí casi todo de él. Me enamoré de un muerto. Estuve intentando escribir cuentos durante años. Me dediqué a estudiar la narrativa breve pero siempre, había un poema que debía escribir.

Para ser periodísta, intenté estudiar en la Universidad Santa María. Odié Caracas, odié la universidad y volví a Maracay. Soy Licenciada en Comunicación Social, mención Publicidad y Relaciones Públicas, desde 2007, egresada de la Universidad Bicentenaria de Aragua. Sí, soy publicista. No estudié periodismo porque nadie sabe nada de sí mismo a los 17 años. Antes y después, sí, pero a los 17, eres un bojote. La universidad te enseña quién eres y te señala quién probablemente puedas ser. Yo sabía que tenía información visual almacenada y que amaba el rock n' roll. Estudié varias cátedras de Lenguaje y Periodismo y siempre escribí sobre esos temas porque vivía en ellos. Algunos profesores discutieron ‘la literatura’ y ‘la música’ filtrada en mis trabajo; dudaron de mí cuando escribí crónicas, reportajes, artículos de opinión y reseñas, pero cuando demostré que quien firmaba, escribía, recuperé el aprecio que en consecuencia obtienen los buenos alumnos. Eso, una vez que lo pruebas, siempre te  fastidia.

El entrenamiento periodístico me pareció una crueldad intelectual. Las herramientas han sido valiosas para mí pero renuncié a la forma y a la práctica del periodísmo noticioso. Pasé por medios de comunicación y me enseñaron que no debía estar ahí. Yo no quería ser periodista. La inmediatez es enemiga del discurso y -ya he dicho- nadie quiere escribir algo que se leerá una sola vez. Me interesó entrenarme en otras habilidades. Terminando mi carrera, asumí que me había enamorado de la comunicación visual. Quería aprender a trabajar con la imagen y el sonido. Estudié publicidad y me dedico a la producción creativa en diseño digital, también a su instrucción. Soy docente universitario y es mi trabajo favorito. Tengo la oportunidad de fastidiar semestralmente a unas 60 personas para que lean y vean lo que encuentren, lo que desconocen y todo lo que les cause incomodidad moral, ideológica y emocional. También les recomiendo que se acerquen al arte, a la historia, a la calle sin el miedo clase media. Les pido que compartan conmigo lo que encuentren y que me recuerden lo que les estoy diciendo. Un comunicador que se estaciona y se acomoda termina con un quiosco de Victoria's Secret en un centro comercial. Eso pienso y les digo.

Cuando yo estaba en la universidad, tocaba en una banda y hacía eventos de rock con una microscópica empresa productora que tenía con mi mejor amigo. The Coroto Productions fue la causa por la que no aparecí casi nunca en clases hasta el 7mo. semestre. Recuerdo que alguna vez entré al salón y mis compañeros me aplaudieron. Era improductivo asistir. El profesor de Historia de Venezuela usaba lentes oscuros casi toda la clase y salía a beber café mientras hacíamos talleres inútiles, llenando hojitas de exámen. Yo quería estar en la universidad pero estaba casada con el rock desde que, a los 12, una vecina colombiana me prestó un cassette de Aterciopelados, seguidamente vi Florecita Rockera en MTV y comencé a idolatrar a Andrea Echeverri. Vinieron otros, bandas latinas y algunas anglo, luego y tarde, los clásicos. Quise pertenecer. Para no entrar en conflictos ideológicos paterno-maternos, pasé dos años de mi vida tocando guitarra acústica en un grupo religioso que no me interesaba pero que era mi única oportunidad de aprender mediocremente el instrumento. Me creí realizada hasta que mi primo, menor que yo, cambió su raqueta plástica y su disco de Zapato 3 por una guitarra de verdad y clases formales. Algún día, me dijo: 'Eres la guitarrista de mi banda' y, desde el 2002, eso hago en Ahankar

Como otras contribuciones a esa causa valiente que algunos osan llamar rock nacional, me he dedicado -con éxito y fracaso- a la producción de eventos musicales y he colaborado para varios medios de comunicación escribiendo sobre música. Actualmente, formo parte del staff de columnistas de la revista de crítica musical DistorXion, en donde también escribo sobre televisión para exorcizar todos mis malos placeres. Estoy absolutamente convencida de que la música me ha dado mucha información sobre la vida y sino, me ha dado material para construir las analogías que me ayudan a ilustrarla.

Mis aventuras de ruina y fortuna con el rock las he compartido casi siempre con Jeanfreddy, quien es uno de mis mejores amigos. Lo conocí desde sus textos en Predicado, cuando él vivía en Amsterdam o Barcelona y yo en Maracay pero a cinco cuadras de la casa de su familia. Regresó hace 9 años. No solo es escritor y rockero sino que es periodísta y ha sido mi jefe. En algún empleo detestable, acordamos abrir un blog. Así, en 2006, nació Todo es violeta -y su blog, Hay que ser irresponsable, mucho más célebre que el mío- Dijímos que el blog era un espacio para vacacionar de uno mismo pero el blog nos dejo claro que las vacaciones eran cuando no escribíamos. Un día, casi todo el edificio se quemó. Perdimos el trabajo y desempleados, felices, nos largamos con la costumbre y la necesidad de 'postear' una vez al día.

Ese blog fue mi casa. En la blogosfera me crié y crecí. Soy un animal de la red. La conozco. Me encanta su retroalimentación y las posiblidades de la tecnología. Todo es violeta estuvo activo desde 2006 y hasta 2011 como un medio efectivo de publicación y de contacto con lectores de todo el mundo. Me presentó otros escritores, con blogs o sin ellos. Las personas que llegué a conocer, con quienes hablé, a quiénes leí, son un gran valor en lo que parece mi obra y lo que sé que es mi vida. Desde 2009, he participado en varios eventos literarios y me involucré en la organización de recitales en bares y medios digitales. A mí me pareció un asunto natural usar Blogger, luego Facebook y Twitter, para compartir poesía. Se me hace egoísta que uno se quede con un poema que le gustó o mantener los versos propios en cuarentena, como que estuviesen enfermos y algún 'curador' tuviese que decir: "Sí, no es tan grave. Tenemos anticuerpos y estamos preparados", para soltarlos. En mi opinión, la poesía tiene que bajarle dos, relajarse y colaborar.

Todo es violeta se fue de vacaciones y pasó al retiro. Decidí escribir mi cuarto poemario y asumir el proyecto de involucrar otros medios en un nuevo blog. Quería jugar con el formato sin desconfigurar los logros estéticos del anterior. Además, yo necesitaba escribir cartas y silencio hasta que acabara. También quería concentrarme en Ácracia pour les porcs, un blog que asumí como causa, donde escribo pero sobre todo pienso, diseño y discuto. Con APLP, comenzó David Parra; antes, cuando él leía mi blog y yo su blog, sin conocernos, iniciamos una persecusión poco frutifera hasta que Facebook, Gmail y CANTV permitieron establecer un diálogo fluido que salpicó esquirlas a toda la gente que hoy se reconoce parte del grupo ácrata. Desde marzo de 2011, me he dedicado a joder virtualmente junto a un grupo de jóvenes autores venezolanos que escriben un fanzine -en formato de blog- dedicado a la investigación, reseña y exposición de proyectos artísticos y culturales, desarrollados en las calles, la web o los espacios académicos de Venezuela y Latinoamérica con muy poca atención mediática y de su público más cercano. Establecido entonces al menos el formato y objetivo de APLP, yo puedo comenzar con Ahora que ya no se escriben cartas

Mi amigo Iván, cuando le comenté que intentaba escribir una pequeña biografía sin demasiada ambición para este blog, me dijo que lo importante era que señalara mi signo zodiacal y que omitiera mi disfraz porno infantil. No sé si era un comentario liviano o serio. Por eso, le haré caso en un 50%.

Cuando me ves vestida como Madonna a los 06 años, se desarrolla entre nosotros algo similiar a la confianza. Entonces, yo puedo leerte cartas.

No sé si es importante que te diga que mi signo zodiacal es Géminis.

Maily Sequera